domingo, 19 de septiembre de 2010

Fumafuckers

A ver, fumadores… Vale que tenga que convivir en este planeta infecto con ustedes y tragarme vuestro humo más veces de las que me gustaría, no me queda de otra que hacerlo y respetar vuestro asqueroso vicio en más sitios de los que quisiera(ley antitabaco, ¿cuándo carajo vas a llegar?). Si no me quedan más cojones que soportar vuestro fétido humo en las vías públicas y también soportar que seáis (en su mayoría) unos putos guarros sin respeto por el medio ambiente y unos vagos de mierda por no mover el culo unos metros y buscar una papelera, al menos tened la maldita decencia de cercioraros dónde se tiran las colillas en la calle, moved vuestras cabezas de burro y mirad dónde van a caer, porque que yo esté caminando por la acerca y que me caiga una colilla encima por vuestra absurda vagancia y falta de respeto me toca la moral y los cojones si tuviera. He dicho.

Un día en la piscina (del gimnasio)

Como ya he comentado, a veces voy a nadar, aunque desde que regresé y pisé de nuevo el gimnasio no he hecho otra cosa, aún no sé qué es pedalear en spinning ni coger una pesa, aunque para qué engañarme, eso último era lo menos que hacía, considero que si no tengo a alguien al lado dándome caña y “obligándome” a mover pesos yo por mí misma poco hago, sin embargo en los ejercicios aeróbicos por mi propio pie los hago encantada.


Hay días que al llegar al vestuario eres afortunada, como yo el otro día, abrí la taquilla que iba a usar y la persona que anteriormente la usó olvidó recoger su euro (o metes la monedita o no cierra), así que soy un euro más rica.


Te quitas la ropa, guardas las cosas, te pones el gorro, gafas en mano y a la piscina… Te duchas obligatoriamente antes de entrar en el agua y a nadar. Me encanta, y no sólo nadar sino ver nadar también, aunque hay algunos que dan un serio espectáculo y dan ganas de decirles “¿pero qué haces?”. Lo mejor es cuando tienes un carril para ti sola, libertad de movimiento y de velocidad, otras te acompaña la persona perfecta, la que no te hace andarte ni ralentizar tu rutina, a veces hay más personas de las que quisieras y es una pérdida de tiempo.


Hay trucos, cuando alguien va muy rápido y te la sensación de que tienes que ir a motor para que el otro esté a gusto, coges y lo desesperas, yo personalmente me pongo a hacer piernas de crol o de espalda, se inquieta tanto porque tiene que adelantar a cada rato que termina yéndose a otro carril. Victory’s mine. 80% de buenos resultados.


Tenía que estar pendiente a veces de la hora que iba, pero ya llegué a la conclusión de que no, cualquier hora puede ser mala, miré el horario y a casi todas horas hay algo que ocupa carriles, cursos de natación, embarazadas, rehabilitación, etc. Así que es salir de casa y auto desearte suerte a ver si tienes cabida.


La gente es tramposa. El 95% usa aletas, ¿qué sentido tienen la aletas en una piscina? Considero que las piernas no las estás ejercitando debidamente, encima van a una velocidad superior y te da la sensación de que eres un caracol en el agua. Fijándome, no son sólo las personas mayores las que se las ponen, sino adultos también. Y los que no las usan mueven mal las piernas, ¿no se supone que hay que “patear” el agua? Pues la mayoría de las piernas están hundidas. ¡Qué poca técnica! Aunque mejor me callo que a saber cómo nado yo. De pequeña estuve apuntada en verano varios años y desde entonces tengo vetados los estilos de braza y mariposa, mi columna y su desviación atroz me lo prohibieron.


Debo estar ridícula con las gafas puestas. Tengo como tres gorros de piscina, creo que he dado con el ideal, los demás me oprimían las ideas.


Por primera vez vi a un chico nadando oyendo música, qué lujazo. Me quedé embobada mirándole el chirimbolo y los cascos, me dieron ganas de preguntarle chorradas en plan cómo es que no se electrocutaba, cómo funciona… Pero no le dije nada. Tonta. A ver si me lo encuentro otro día.


Me gusta coincidir con la clase de Aquagym, al menos intuyo la música, y a pesar de no tener problemas para estar tiempo nadando, un plus de entretenimiento ayuda.


Cuando termino me voy a la piscina de los chorritos y relax y rara vez me meto en la sauna o baño turco. Odio cuando las personas mayores (mujeres más que nada) ocupan mi chorro favorito y están allí años y encima de marujeo, con su amiga al lado flotando agarrada a un churro. No tienen consideración la verdad, si hay mucha gente, estate lo justo y vete, pero no monopolices la instalación.


Normalmente me quito el bañador, me seco, tal y cual y para casa. Vivo cerca, así que suelo preferir ducharme aquí, pero estas últimas veces me he duchado en el gym. Cuando me estaba lavando la cabeza noté que la espuma no estaba siendo efectiva, nada, echemos otro poquito más… ¿? ¿Nada? ‘Joer, de venir tanto el cloro está acabando con mi pelo, ¿o será el nuevo material del gorro? ¿Por qué no lava bien?’ Pues era porque estaba intentando lavarme la cabeza al revés, con el acondicionador primero.

La vecina, 2ª parte

Pero los ruidos no sólo eran nocturnos, lo que pasa que por el día o por las tardes no tenían nada que ver con el sexo. Me hubiese encantado ver el piso de esa mujer. Yo construí en mi cabeza mi propia teoría: la mujer hacía porno casero.


¿Por qué? Constantemente se la oía rodar muebles y usar herramientas. Día tras día. Por lo tanto yo pensé que a la mujer le gustaba cambiar los escenarios en su casa, grabarse con el/los hombres que la visitaban por la noche adoptando diferentes personajes y que viva la fiesta.


También decir que se pasaba encima de unos zuecos todo el puñetero día, porque eso no sonaba ni a ruido de tacón. Y yo qué sé, a mi no me vienen ideas castas y puras de alguien que está subido a unos zancos todo el día, es que me imaginaba un zapato feo, de media fulana. Creo que pude llegar a imaginarla, tenía que ser morena, ¿latina quizás? No sé, pero le iba la marcha y le encantaba molestar, consciente o inconscientemente.


Ni mi tía ni yo la habíamos visto en la vida, creaba expectación la mujer, hasta que un día ella me dijo que podía ser una con la que coincidió en el ascensor, que iba con un hombre y a la planta en la que está su piso. Otro día, estando yo en las hamacas de la piscina, miré a su ventana y estaba alongada. Efectivamente morena. Pero la veía tan de lejos que no pude apreciar nada más.


Semanas y semanas de terrores nocturnos me dije “hasta aquí”. Así que a saber a qué hora de la madrugada, una vez que ella me hubiese despertado, me puse las babuchas, no sé si me hice un moño decente o pasé de las pintas, cogí el ascensor, subí un piso y le toqué el timbre. Fíjate tú cómo de repente todo sonido desapareció de repente, ¿les habría cortado el rollo? Ohh qué mala soy. Pasé de encender la luz del pasillo, a ver si así conservaba mi anonimato. Total, no me abrieron la puerta, y eso que estuve un rato esperando (para que les diera tiempo a vestirse y eso, no hay que ser desconsiderada hombre). Como no pasaba nada, me volví a mi cama.


Continuará…

domingo, 12 de septiembre de 2010

El mundo catalán y yo

A raíz de un post de Peibol sobre este tema (http://trespollosyunagamba.blogspot.com/2010/09/independentistas-de-saldo.html), voy a contar yo mis pocas pero cutres experiencias con catalanes.

Año 2005, verano, Irlanda. En la temporada que estuve viviendo en tan monísimo país, conocí a un chico de Barcelona en el trabajo, desde un principio me cayó bastante bien y en ningún momento utilizó el catalán conmigo. Un día quedamos por la tarde para tomar algo y él a su vez también se lo había dicho a otra chica catalana, así que quedamos los tres. Cuando llegó ella me la presentó, dos besos correspondientes, y después empezaron a hablar entre ellos en catalán. Pues bueno, vale, yo qué sé, entiendo que un palique así de entrada contando cualquier cosa a un paisano salga antes en catalán, así que no me pareció tampoco un horror, y bueno, que fueron unos cinco minutos antes de llegar al sitio donde nos echamos algo. Una vez llegamos al pub/cafetería/lo que fuese, ella seguía y seguía en catalán, y ya no me gustó un pelo, ella sabía que de Cataluña no era con antelación, así que… El chico con cara de circunstancia dijo para pasar al castellano porque yo no me coscaba, y entonces la tía va y me suelta “ah claro, es que en Canarias no se habla catalán, ¿verdad?”. Mi respuesta fue no, pero la respuesta en mi cabeza fue “no petarda, estoy más cerca de hablar árabe que catalán”. Poco más recuerdo de esa tarde, pero en general la tipa, independientemente de su lugar de origen, no me cayó muy bien.

Año 2005, invierno, Irlanda. Mi época allí terminó a finales de verano, pero en diciembre regresé de mini vacaciones. Volví a quedar con el chico catalán que seguía viviendo allí para que me contara qué tal le iba y todas esas cosas típicas. Caminando por la calle nos encontramos a otros dos chicos de Tarragona que habían trabajado con nosotros en verano, casualmente ellos también estaban de paso por allí, así que nos quedamos un rato parados en la calle hablando. Bueno yo no, ellos más bien. Pues nada, nos encontramos, saludos correspondientes, y entre ellos empezó el palique, en catalán claro. Yo me hice a un lado y empecé a pensar en las musarañas porque ni ganas de prestar atención tenía a ver si pillaba algo. Así estuvieron un rato, y cuando uno terminó de hablar se dirigió a mí y le empecé a hacer las típicas preguntas, que qué hacía por aquí de nuevo, cómo le iba, blablabla, y su repuesta fue “sí, de eso mismo acabamos de hablar ahora”. Pues vale. No dije nada más.

Año 2006, verano, avión destino Viena. A mí me tocó ventanilla, y a mi lado había una pareja que a lo largo el viaje descubrí que eran catalanes. Ratito antes de aterrizar me dio por darme brillo en las uñas y entretenerme, la mujer, que estaba a mi lado, cogió y me sujetaba el bote del brillo, muy maja ella, y mientras pues hablamos de cualquier cosa. Me uní a ellos durante el trayecto a la terminal, recuerdo que era un poco caótico aquello y no sabía por dónde tenía que ir a coger las maletas, así que mejor con compañía. Yo pregunté que si sabían por dónde era, y entonces su marido me respondió en catalán (hasta ese momento no había cruzado palabra con él), me quedé con cara de wtf? y su mujer tradujo, entonces volví a hacer otra pregunta y el marido respondiendo otra vez, le dije que si POR FAVOR me podía hablar en castellano porque no lo entendía bien, y me respondió nuevamente y a saber qué en catalán. Total que su mujer siguió hablando, pero en ningún momento excusó a su marido, o me dio una explicación de por qué lo hacía (quizás el hombre castellano no hablaba, pero lo dudé taaaanto). En fin.

Y ya está. Algún que otro catalán habré conocido así de paso o algo, pero sin incidentes. Quiero creer que no todos son así, y según leo o la gente cuenta cierto es que hay de todo, pero en lo que respecta a mis experiencias, la cosa ha ido chunga.


(Como verán, ni pajorera idea de enlazar cosas tipo "aquí", pinchas y aparece lo que quieras enseñar, yo tuve que poner el link entero).

La vecina, 1ª parte

Introducción:

Hace ya cinco años que vivo aquí en sitio grande adoptivo, nuevo para mí no es, ya que llevo toda mi vida veraneando aquí (pero no en este piso), pasando alguna que otra semana santa, puentes, etc. Lo que ahora es al revés, las vacaciones las paso en casa.

Vivo en un edificio yo diría que bastante grande, dividido en varios portales, bonito e incluso con piscina (que no uso, es tenerla y bueno, ya saben). Me vine a vivir aquí con mi tía para ahorrarme un alquiler, pero de alguna manera me da muchísima pena no haber vivido en los tan conocidos pisos de estudiantes. Como siempre digo, tengo el estilo de vida que debería tener después de estudiar, no el de durante, cuando acabe de una vez por todas entonces ya me veo en un pisito cutre, pero bueno casi que me da igual mientras pueda seguir manteniendo mi independencia (porque aunque viva con familia, el ambiente es genial he de decir, aunque me sienta sola muchas veces).

Al tema:

El caso es que cuando me instalé, mi tía estaba malita, y bueno, no era muy buena época. Por las noches oía ruidos, ruidos feos, a mí me sonaban a quejidos y la verdad es que me asusté. No sabía qué era ni de dónde procedían los ruidos. Si abría la ventana de mi cuarto se difuminaba mucho más el sonido, si pegaba la oreja en la pared de mi tía (por si fuera ella que le doliera algo) no lo oía muy claro, pero era volver a la cama y todo era claridad. Pues así noche tras noche durante no sé ni el tiempo. Jamás le comenté nada a mi tía porque me daba hasta vergüenza, y tampoco veía que ella me comentara nada, todo era de lo más normal.

Varias semanas más tarde los ruidos cambiaban, tomaban nuevas “formas” y me empecé a quedar con la movida… Los gritos subían de tono, y aparecían incluso ruidos masculinos. En blanco y en botella. Cada noche me despertaba la vecinita de arriba con su fiesta nocturna. Y una noche fue tal, que a la mañana siguiente por fin mi tía abrió la boca y dijo “¿escuchaste anoche a la vecina de arriba? Qué pasada”. ¡¡¡Síííí!!! Loca no estaba, y al fin pude compartir esos meses de tortura acústica con ella.

Continuará…