domingo, 21 de noviembre de 2010

Pornografía infantil NO

Que se te pudran y se te caigan los genitales.


¿Tanto cuesta tirar de la cadena?

Coño… Se parten una uña las pobres, no me jodas. Puedo entender que llegue un punto en los baños de las discotecas en que todo esté hecho un desastre ya que el alcohol y aumento de estupidez mental ocasionan desórdenes en las cabecitas, pero que en otros baños públicos como por ejemplo los de una biblioteca te tengas que encontrar las litronas de otras (y lo que surja) ya me parece un poco fos. Un poquito de por favor ladies. No cuesta nada de nada, de verdad. Probad.

Novedades en ésta nuestra comunidad


¡Qué fueeeeRRte! ¿Se acuerdan de esto? Bueno, pues ya tengo en mi poder los primeros cuchicheos al respecto.

Resulta que el piso en cuestión está ocupado por señoritas de alto standing que dan “masajes”. La comunidad creo que ha puesto una denuncia pero la respuesta de ellas es ‘nosotras simplemente damos masajes, denúnciennos pues’. Pero también se cuenta que eso así no es. Primero porque sino el cartel que aún sigue en el portal no tendría mucho sentido, dudo que los masajes emitan ruidos o molesten a la gente, y segundo porque la pobre familia que vive en el piso de abajo está aburrida de los sonidos procedentes de esos “masajes”, y que encima tienen una hija de 14 y que eso así no puede ser. También dicen haber visto a hombres que llegan con sus descapotables, hacen una llamadita telefónica breve y a los segundos les abren la puerta.

Pues yo, qué quieren que les diga, como no suelo ir de visita a ningún otro piso no sé qué se cuece exactamente, tampoco me llegan ruidos de ningún tipo, sólo los ofrecidos por mi querida vecina y que ya escasean por suerte. Tampoco me he cruzado jamás con ninguna tía buena en el ascensor, porque digo yo que las de alto standing tienen que ser en plan ‘estoy tan buena que me duele’. Pero no, nada.

Aissh, debería infiltrarme, rollo espía. Me cambio el pelo, me maquillo a tope y voy a su piso, a ver si me cuelo y miro qué es lo que pasa. Pero vamos a dejarnos de películas…

El cartel del portal es: poner, arrancar, poner, arrancar, poner, arrancar. Y así todo el tiempo. A veces en vez de arrancarlo escriben en él en mayúsculas ‘BOBADAS’.

Yo ya me cansé de cerrar con llave por el día, que hagan algo de una vez. Además, que si tal bajan ellas, abren con su llave y punto. Es un poco bobada pienso yo. No sé, que las echen o pff… Ni idea de cómo funciona el tema.

Aquí yo mientras de marujeo express. Seguiremos informando…

My throat strikes back

Día y medio de molestias y cuatro pastillas de chupar después, decidí perder la mañana del miércoles yendo a urgencias. No me gusta por lo general tomar medicamentos, pero tratándose de la garganta no me queda de otra, es insoportable… Noches sin dormir, dolores al tragar, al hablar, flemas… Puag.

Llegué y me dieron el pase.

Paso uno: intenta tomar asiento donde puedas si alguna de las 20 personas que van a lo mismo que tú se levanta y lo deja libre. Sobra decir que las conversaciones que oirás o en las que te implicarás tienen que ver con la seguridad social. Yo que adelanté en mi mente ese acontecimiento me llevé el iPod, eso sí, hay que ponerlo bajito, no vaya a ser que te llamen, pero te da tiempo de escuchar en CD entero en lo que eso pasa.

Paso dos: la enfermera tiene que hacerte el reconocimiento, esto es escucharla decir tu nombre, pasar, que te pregunten qué te pasa y que te diga ‘espera por donde está la otra puerta hasta que te atienda la médico’.

Paso tres: a fin de cuentas volver al asiento que ocupabas antes o si es posible más cercano a la puerta donde está la médico. Esperar el mismo tiempo que esperaste para que la enfermera te llamase. Putada si saliste de tu casa con el iPod bajo de batería.

A parte de las conversaciones típicas, había un hombre jugando con el móvil, medio de entretenimiento también ideal, pero quítale la musiquita joer, qué pesadilla. Menos mal que la sufrí poco porque el iPod me mimaba. También había un adolescente, que podría ser un Jonas Brothers perfectamente (era feíto, sorry), con mamitis (pff qué pegajoso) y su padre que también estaba por allí. La figura materna y paterna con su niño al médico, curioso, ¿ninguno curra? Qué suerte. El que se levanta sieeeempre de la silla nada más se abre la puerta de la consulta, como si por eso fuera a entrar antes. La cosa lleva un orden señor. Las que se cuelan, por supuesto. Entran ellas y la familia cercana y lejana, que sólo es un momentito.

Paso cuatro: la médico te nombra, por lo tanto, entras. Te pregunta que qué te pasa (debe ser que la enfermera de antes no pudo decírselo o algo, sino que me expliquen para qué está el paso dos. Gente ocupada al fin y al cabo). Le explico la situación, me examina y me dice que es faringitis. Me manda ibuprofeno 600 y pa’ casa.

Creo que a veces, en ciertos casos concretos, la automedicación podría funcionar y así me evito las dos horas invertidas en todo el proceso anterior.

Paso cinco: parar en la farmacia a comprar el medicamento si no se tiene en casa. Pero en lo que esperas a la guagua te habla un tío raro.

Hola…

Hola

¿Cómo te llamas?

María (el primer nombre que me vino a la cabeza, más típico imposible)

¿Vives por aquí cerca?

Más o menos

¿Dónde trabajas?

No trabajo

¿Vives con tu novio o con tu familia?

(Asiento con la cabeza)

¿Con tu novio?

No, familia

¿Y tú tienes novio?

Llegó la guagua, qué alivio. Hay gente rara por ahí eh… Si sumas la conversación, más el acento, más la cara te da un resultado de tío raro sin más.

Ahora en serio… ¡¿Cómo es posible que se tarde tanto?! Desconozco totalmente el mundo que gira alrededor de un centro de salud, pero ños, acabo antes pidiendo cita con mi médico que yendo a urgencias. Si hay alguien del mundillo por ahí y quiere explicar mejor todo estaría bien.

Al lado de los asientos había una puerta que daba a un patio, entonces la gente salía a coger aire o a fumar. Ok… ¿cómo es que dejan fumar tan cerca? Porque vale… El patio era grande, te alejas un poco y el humo no entra, pero cuando la persona entra deja un pestazo que flipas. Y si se te sienta al lado fliparás más, porque tienes que olerlo sí o sí.

Aquello no era una sala de espera, era una sala de desesperos (y desesperados).